PARA NO PERDERSELO
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jueves, 14 de marzo de 2019
domingo, 10 de marzo de 2019
Redshift - Paola Marziani
El
efecto Doppler o “corrimiento hacia el rojo” (redshift) de una onda
electromagnética, ¿es posible saber si se debe a la velocidad del objeto o a la
acción de un campo gravitatorio? ¿Y qué es el redshift cosmológico?
(Por
Paola Marziani)
Capítulo 39 de CIENCIA, y además lo entiendo!!!
El
efecto Doppler es un fenómeno físico muy básico que ocurre cuando un objeto que
emite ondas, como por ejemplo la luz (ondas electromagnéticas) o el sonido
(ondas acústicas), está en movimiento con respecto a un receptor (observador u
oyente en el caso de la luz o sonido). Cuando las fuentes de emisión se están
alejando del observador, las ondas sucesivas se emiten desde una posición más
lejana al observador. Por lo tanto, el observador recibe cada onda después de
un tiempo más largo respecto al que recibiría en el caso en que la fuente
estuviera en reposo; por este motivo, la distancia temporal entre las crestas
de la onda se incrementa y la frecuencia se reduce. Lo contrario sucede cuando
la fuente de ondas se aproxima al observador. Por consiguiente, el efecto
Doppler puede dar lugar a un cambio de longitud de onda que puede ser positivo
si la fuente se está alejando, pero también negativo si se está acercando.
El efecto Doppler clásico relaciona la
velocidad de la fuente con la velocidad de propagación de la señal, es decir, v
/ c, donde c es la velocidad de la luz o la velocidad del sonido en el medio en
el que la señal se propaga (que podría ser por ejemplo el vacío o aire para la
luz y el aire o el agua para el sonido). El corrimiento de longitud de onda es
simplemente proporcional a la relación Δλ/ λ0 = (λ-λ0)/λ0
= v / c, donde λ0 es la longitud de onda de la luz emitida por una
fuente en reposo y puede tomar un signo negativo o positivo si la fuente se
acerca o se aleja.
Una fuente que se aleja dará siempre
un aumento de la longitud de onda. Con referencia a la longitud de onda de la
luz visible, se dice a menudo un corrimiento al rojo, es decir, un
desplazamiento hacia el rojo. Este término, en astronomía se utiliza para cada
frecuencia, incluso el dominio de rayos X y de radio para indicar un aumento de
la longitud de onda.
La fórmula anterior es una de las más
importantes en todo el campo de la física. Las cosas empiezan a ser menos
sencillas si tenemos en cuenta a una fuente que se está moviendo a una fracción
no despreciable de la velocidad de la luz. En este caso habrá un término
adicional que siempre va a dar un corrimiento al rojo, independiente de la
dirección del movimiento. Este término es un efecto puro de la relatividad
especial, en relación con la incapacidad de sincronizar nuestros relojes con el
de la fuente de movimiento y puede ser arbitrariamente grande cuando la
velocidad de la fuente se acerque a la velocidad de la luz.
El corrimiento al rojo gravitacional
tiene un origen independiente al efecto Doppler. No solo que siempre se corre
al rojo, sino también necesita un campo gravitacional muy fuerte para ser
detectado en fuentes astrofísicas.
Es interesante tener en cuenta que,
tan pronto como se descubrieron a los quásares, algunos astrónomos pensaban que
el corrimiento al rojo no podía ser debido a “la velocidad de recesión de las
galaxias” (es decir, a la distancia en una formulación obsoleta y incorrecta),
sino que tenía que ser de origen gravitacional. Esta idea fue rápidamente
abandonada debido a paradojas que plantean la necesidad de estar muy cerca de
una masa por obtener el gran corrimiento al rojo de los quásares.
El pequeño tamaño de la fuente ponía
un límite muy fuerte a la cantidad de radiación que podría producirse. Y de
hecho es necesario estar muy cerca por tener un corrimiento al rojo no
despreciable debido a que el desplazamiento al rojo gravitacional es
proporcional al cociente entre la masa y la distancia de un objeto (no es que
la masa tiene que ser grande, sino es un asunto del cociente masa-distancia).
El corrimiento al rojo gravitacional
puede aumentar indefinidamente en una fuente que se acerca de un objeto masivo.
En un contexto astrofísico, los casos más extremos son los agujeros negros y
las estrellas de neutrones. En el caso de un agujero negro, una fuente vista
por un observador distante nunca alcanzará el horizonte de eventos del agujero
negro, pero el observador verá la luz emitida desplazada a una longitud de onda
más larga.
Si originalmente la fuente estaba
emitiendo luz visible, y si fuera posible seguir la luz desde la fuente hacia
su caída al agujero negro en todas las frecuencias, el receptor detectará las
ondas en el óptico y luego en el IR cercano, a continuación, en el IR lejano,
en el sub-mm, y luego a más y mayores longitudes de onda en el dominio del
radio. La luz emitida en las proximidades de un agujero negro aparecerá
desplazada hacia el rojo debido a la pérdida de energía para superar el
profundo potencial gravitacional del agujero negro.
El campo gravitacional puede crear un
corrimiento al rojo arbitrariamente grande. ¿Qué pasa con el corrimiento al
rojo de las fuentes astronómicas a gran distancia, como las galaxias y
quásares? Como se ha mencionado, muchos años atrás la gente hablaba de
velocidad de recesión de las galaxias. Edwin Hubble en el 1925 encontró una
relación directa entre el corrimiento al rojo y la distancia de las mismas
galaxias, es decir v = c z = H0 d, donde H0 es la constante de Hubble estimada
alrededor de 70 km / s / Mpc.
Actualmente, esta ley sigue siendo válida
y es utilizada por los astrónomos si z << 1. Sin embargo,
hoy en día existen cientos de miles de galaxias y quásares conocidos con z
>> 1, incluso hasta z = 7. Puesto que somos capaces de medir la velocidad
solo a lo largo de nuestra línea de visión (la velocidad radial) para los
objetos distantes, el corrimiento al rojo no se puede asociar a una velocidad
física a menos que se cumplan condiciones poco realistas y muy especiales.
El corrimiento al rojo de galaxias y
quásares se explica en el contexto de un Universo en expansión, al que se llama
propiamente expansión cosmológica del Universo, donde el tejido del espacio se
está expandiendo después de un estado denso y caliente que en su origen fue una
singularidad (no se trata de una expansión en un volumen previamente existente,
es el mismo espacio-tiempo que se expande).
El desplazamiento hacia el rojo vuelve
a ser no solo un marcador de la distancia, sino también un indicador de la
época cósmica. Y hay una diferencia física fundamental con un desplazamiento al
rojo debido al efecto Doppler: las fuentes no se mueven una con respecto a la
otra, sino están retrocediendo solo porque el espacio-tiempo se está
expandiendo. Nuestras reglas son más grandes en espesor y los relojes están
corriendo más lentamente con respecto a los de las fuentes distantes. A una
distancia definida por un corrimiento al rojo z, los relojes estarían corriendo
más rápido por un factor (1 + z).
Se agradece la ayuda de las doctoras Alenka Negrete y Alba Grieco por una revisión precisa de este capítulo.
Paola Marziani
Doctora
en Astrofísica
Investigadora / INAF -
Osservatorio Astronomico di Padova
Nació en Bolzano/Bozen, en Alto Adige/Südtirol. Obtuvo su laurea en Astronomía en 1986 y su Ph. D. en astrofísica en 1991.
Después de estancias de investigación en los Estados Unidos, México e Italia, se quedó en 1995 en el Instituto Nacional de Astrofísica en Padova. Su intereses astronómicos principales son los cuasares y las galaxias, la cosmología observacional, y los procesos atómicos que dan origen a lineas de emisión.
Desde 1988 ha publicado más de doscientas contribuciones de astrofisica (los mayoría de astrofisica extragaláctica), y artículos de divulgación astronómica en Inglés, Italiano y Español.
Recomendaciones en este Blog.
Después de estancias de investigación en los Estados Unidos, México e Italia, se quedó en 1995 en el Instituto Nacional de Astrofísica en Padova. Su intereses astronómicos principales son los cuasares y las galaxias, la cosmología observacional, y los procesos atómicos que dan origen a lineas de emisión.
Desde 1988 ha publicado más de doscientas contribuciones de astrofisica (los mayoría de astrofisica extragaláctica), y artículos de divulgación astronómica en Inglés, Italiano y Español.
Recomendaciones en este Blog.
lunes, 4 de marzo de 2019
domingo, 3 de marzo de 2019
¿Por qué la luz se mueve a la velocidad de la luz? - Alberto Aparici
¿Por qué la luz se mueve a la velocidad de la
luz?
(Por
Alberto Aparici)
Capítulo 38 de CIENCIA, y además lo entiendo!!!
Seguro
que os parece que ésta es una pregunta un poco tonta.
Y
si Albert Einstein no hubiera descubierto la teoría de la relatividad como lo
hizo, probablemente lo sería. Pero pensad lo siguiente: la relatividad cambió
lo que pensábamos sobre el espacio y el tiempo. Nos descubrió que los relojes
pueden marcar el tiempo a diferentes velocidades, y que las imágenes que vemos
de objetos lejanos pueden aparecer deformadas debido a su movimiento o al campo
gravitatorio. En los capítulos anteriores, sobre la teoría de la relatividad,
se ha dado buena cuenta de muchos de estos efectos, y sabemos que la velocidad
de la luz juega un papel importante en todos ellos: a velocidades bajas, como
las de nuestra vida cotidiana, estos efectos son imperceptibles, pero se van
haciendo más y más patentes cuando el movimiento es muy rápido, cercano a la
velocidad de la luz. La pregunta es ¿por qué la luz? ¿Qué tiene la luz de tan
especial para que tantos fenómenos físicos giren a su alrededor?
Para
entenderlo, primero deberíamos recordar algo: a la luz le da igual lo rápido
que nos movamos, ella siempre se mueve igual. Por extraño que parezca, éste es
un hecho experimental muy bien establecido: la velocidad de la luz en el vacío
es siempre 299.792,458 km/s. Si tuviéramos una nave espacial que pudiera
moverse a 200.000 km/s y tratásemos de “perseguir” a un rayo de luz, veríamos
que la luz huye de nosotros a 299.792,458 km/s. Si aceleráramos con nuestra
nave espacial hasta 299.000 km/s el rayo de luz seguiría alejándose de nosotros
a 299.792,458 km/s. Por desgracia no tenemos la tecnología para hacer estos
experimentos con humanos en naves espaciales, pero sí podemos comprobarlo
utilizando partículas subatómicas, que se mueven a velocidades altísimas, y
mediante algunos dispositivos experimentales verdaderamente ingeniosos.
La
física, desde luego, no se queda de brazos cruzados mientras la luz hace todas
estas cosas extraordinarias: para que todos los observadores vean moverse a la
luz a la misma velocidad las propias leyes del movimiento deben cambiar. Cosas
aparentemente sencillas, como que si vamos en un coche a 50 km/h y el coche de
delante va a 60 km/h nosotros lo veremos alejarse a 10 km/h, sabemos que no son
estrictamente verdad. Son casi verdad
cuando las velocidades son pequeñas, como 50 km/h o 10 km/h, pero dejan de ser
verdad cuando nos acercamos al leviatán de las velocidades: la velocidad de la
luz. Pero de nuevo ¿por qué la naturaleza ha escogido a la luz? ¿Por qué no a
los electrones o a las ballenas o a cualquier otra cosa?
Un
famoso experimento mental de Einstein nos da una pista para responder a esta
pregunta. Einstein se preguntó qué sucedería si pudiésemos movernos a la misma
velocidad que un rayo de luz, si pudiéramos ver a la luz en reposo, congelada
delante de nosotros. A lo largo del siglo XIX se había descubierto que la luz
es una onda electromagnética, un pulso de energía transportado por campos
eléctricos y magnéticos en movimiento. Normalmente la electricidad y el
magnetismo van ligados a cargas eléctricas: allá donde hay un electrón éste
genera un débil campo eléctrico, y si el electrón se pone en movimiento
tendremos, además, un campo magnético. Pero también hay otra manera de producir
estos campos: si un campo eléctrico cambia con el tiempo parte de su energía se
va a emplear en generar un campo magnético; y lo contrario también es verdad:
un campo magnético variable generará inmediatamente un campo eléctrico. Este
fenómeno, por el cual la electricidad genera magnetismo y el magnetismo genera
electricidad, se llama inducción
electromagnética.
Una
onda electromagnética consiste en un campo eléctrico variable que genera por inducción
un campo magnético un poco por delante de él. Este campo magnético también es
variable, y genera a su vez un campo eléctrico un poco por delante. De esta
forma, el campo eléctrico y el magnético se van “turnando” y se mueven por el
espacio como si tiraran el uno del otro, empujándose para dar el siguiente
paso. Normalmente las ondas electromagnéticas tienen su origen en un conjunto
de cargas que se mueven de la forma adecuada –por ejemplo, los electrones que
se mueven dentro de una antena–, pero una vez son liberadas al espacio se
propagan de manera autónoma y ya no necesitan a las cargas porque es la
inducción la que las sostiene. No es la luz el único fenómeno que se podía
explicar mediante ondas electromagnéticas: las ondas de radio, los infrarrojos,
y después también los rayos ultravioleta o los rayos X, son diferentes tipos de
ondas electromagnéticas que se diferencian en que unas transportan más energía
que otras.
Einstein,
pues, se planteó qué sucedería si pudiésemos perseguir a una de estas ondas,
alcanzarla y verla congelada delante de nuestros ojos. La conclusión fue
bastante desagradable: la onda debería desaparecer, volatilizarse en el momento
en que la alcanzáramos. Como el fundamento de la inducción es que los campos
que forman la onda estén cambiando continuamente, si logramos “pararlos” la
inducción también se para y la onda, sencillamente, deja de existir. En física
siempre es mala noticia que las cosas se esfumen, y en este caso la noticia no
tenía ni pies ni cabeza: si Einstein estaba en lo cierto, un observador parado
podría ver una onda electromagnética viajando, por ejemplo, de una antena a
otra entre dos edificios, y transportando información entre ambos lugares. Sin
embargo, el observador que persigue a la onda y logra que desaparezca no vería
nada viajando de un edificio a otro: la información le llegaría al receptor sin
nada que la transporte, como si fuera magia. Einstein concluyó que el segundo
observador no podía existir. La física, fuera como fuese, tenía que ingeniárselas
para que nadie pudiese alcanzar a un rayo de luz o a una onda de radio, o de lo
contrario éstas podrían aparecer y desaparecer como un fantasma, y con ellas la
energía que transportan.
Esta
idea fue la que llevó a Einstein a proponer que tal vez la velocidad de la luz
no se viera afectada por el movimiento del observador. Era una buena manera de
hacer a la luz “inalcanzable”, porque por muy rápido que nos moviéramos el rayo
de luz siempre se estaba alejando de nosotros. En el fondo, el motivo no era
que la luz fuese muy especial, sino que la luz, por su propia naturaleza, tiene
que estar en movimiento o de lo contrario desaparecería. Lo que Einstein
descubrió cuando dijo que la velocidad de la luz es constante es que hay una
especie de “velocidad de las cosas que son solo movimiento”, y que esa
velocidad tenía que ser la misma para todos los observadores en todos los
lugares del universo.
Hay
otra forma de ver este mismo fenómeno. Es archifamosa la fórmula de la
relatividad especial E=mc2, que expresa que la masa es una forma de
energía y que la energía se puede transformar en masa. Es menos conocido que
ésta es una fórmula para objetos en reposo, y su forma completa es E=γmc2, donde γ es el factor de Lorentz, una cantidad que depende de la velocidad del objeto.
El factor de Lorentz vale 1 cuando la velocidad es cero, y se hace más y más
grande, hasta infinito, a medida que la velocidad aumenta. De esta manera la
fórmula nos informa de que un objeto va acumulando más y más energía a medida
que su velocidad aumenta, pero que incluso cuando su velocidad es cero posee
algo de energía: la que está almacenada en su masa.
Esta
fórmula es válida para casi todos los objetos de nuestro universo. La luz, y
las ondas electromagnéticas en general, es uno de los que no cumplen esta relación. La razón es sencilla: la luz no almacena
ninguna energía a velocidad cero. Como Einstein intuyó, si un rayo de luz se
para su energía se volatiliza. Los físicos solemos expresar esto diciendo que
la masa de la luz es cero, mluzc2
= Eluz(v=0) = 0, o lo que es lo mismo: que la luz almacena toda su
energía en forma de movimiento.
No
es la única que lo hace. Como hemos dicho antes, todas las ondas
electromagnéticas comparten esa propiedad: ondas de radio, infrarrojos, rayos
ultravioleta, rayos X, rayos gamma… También se comportan así las ondas gravitacionales, las ondulaciones
en el espacio-tiempo que transportan la gravedad de un lugar a otro. Y se ha
propuesto la existencia de otras partículas que deberían tener masa cero y
moverse a la velocidad de la luz, aunque ninguna de ellas ha sido descubierta,
al menos por ahora.
En
definitiva, ahora podemos dar respuesta a nuestra pregunta: el universo no
tiene ninguna predilección especial por la luz, pero las leyes de la física
reconocen la existencia de una serie de objetos que, por una razón o por otra,
solo pueden existir si están en movimiento. Para esos objetos la física reserva
una velocidad especial, c=299.792,458 km/s, que es la misma en todo el universo
y para todos los observadores y que, además, no puede ser alcanzada por ningún
observador, de forma que estos objetos especiales aparezcan en movimiento a los
ojos de todo el mundo. Nosotros llamamos a esa c “velocidad de la luz”
únicamente porque la luz fue el primero de esos objetos que pudimos observar, y
el que mejor conocíamos en el momento en que la física estuvo madura para
abordar esta cuestión. Pero igualmente podríamos decir que c es “la velocidad
del movimiento absoluto”, y que la relatividad, irónicamente, no deja de ser una
teoría sobre qué le pasa a la física cuando entra en escena un movimiento que
no es relativo, sino absoluto.
Alberto Aparici
Doctor en Física
Instituto de
Física Corpuscular, Universidad de Valencia, Onda Cero
https://www.ondacero.es/programas/la-brujula/equipo/alberto-aparici/
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